Lo que los medios afirman que “sólo puede ser descrito como un milagro de Dios” ha ocurrido este pasado martes en el estado de Wisconsin, Estados Unidos. Dos aviones se estrellaron con una explosión en el aire, pero todos los que viajaban a bordo de ambos aparatos llegaron vivos al suelo.
Uno de los aviones después del choque se partió por la mitad. El avión, un Cessna, llevaba cuatro paracaidistas y un piloto también con paracaídas. Más que saltar, se vieron arrojados al vacío. Sus ocupantes fueron capaces de utilizar su experiencia para sobrevivir en el inesperado salto a 12.000 pies del suelo (3.657 metros de altura). Mientras descendían, a su alrededor pasaban trozos incendiados del avión en llamas, que podrían haber perforado alguno de los paracaídas y provocar una caída mortal.
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